lunes 1 pm, camino al colegio
—¡Mamá, mirá! ¡Crecí! Ahora el piso me queda más lejos.
martes, mediodía
Hace un frío de temer y el viento sopla como loco. Marcos
mira por la ventana y me dice con absoluta certeza:
—Mamá, cuando hay mucho viento, los árboles bailan. Eso me
lo dijo una seño en el colegio.
Él sigue almorzando. Y yo pienso contenta que todavía quedan
maestros con imaginación.
miércoles 8 am, en el desayuno
—Mamá, cuando sea grande yo quiero ser normal.
—Ah, sí, ¿normal?
—Sí, aunque en realidad me gustaría ser mozo.
—Uy, Marquitos, qué difícil, hay que tener mucho equilibrio
y buena memoria.
—Ah, entonces prefiero ser cocinero, obvio.
jueves 9 am, camino al colegio
—Mamá, ¿quién es Poseidón?
Por suerte, justo pasábamos por lo de Anita, que estaba
limpiando la vereda y le contestó.
jueves 10 pm, antes de dormir
—Mamá, ¿hay escuelas donde los niños van solamente los
sábados y domingos, y toda la semana no van?
Pienso en las Sunday schools de Estados Unidos, adonde
los chicos van y estudian religión, y le digo, no, no hay chiquito, una
lástima, ¿no?
viernes 9 am, camino al colegio
—Mamá, yo quiero ser santo.
—¿Qué cosa? —pregunto. Me parece haber oído mal.
—Sí, quiero ser santo, pero no para tener esa lucecita
arriba de la cabeza, para eso no.
—Ah, ¿y para qué?
—Para hacer escuelas.
—Pero para hacer escuelas no hace falta ser santo.
—Ah, claro, puedo ser constructor.
—Sí, o maestro —le digo, y pienso que por ahí ambas cosas
son lo mismo.
…..
—Mamá, ¿qué hizo Simón Bolívar?
Uy, este hijo mío, cuántas preguntas a esta hora.