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sábado, 14 de septiembre de 2013

Pequeñas historias de desayuno



Había una vez un café con leche que quería ser té con limón. Cuando se miraba al espejo y se veía tan pálido, lloraba: “Bua, bua, quiero ser oscuro como la noche y que la gente haga una mueca cuando me toma”. Y volvía a mirarse y hacía esa mueca que se le dibuja a la gente en la cara cuando toma té con limón (porque el té con limón es un poco ácido).

Había una vez una medialuna que quería ser vigilante. Cuando se miraba al espejo y se veía tan curvada, lloraba: “Bua, bua, quiero ser flaca, alta y derechita y que la gente se pelee por agarrarme”. Y volvía a mirarse mientras se zarandeaba sola, como la gente zarandea las cosas cuando se pelea por agarrarlas, porque en la bandeja de facturas nunca ponen suficientes vigilantes.

Había una vez una nena que mientras desayunaba, suspiraba: “Ah, quiero ser un gorrión y saltar de rama en rama por los árboles de mi plaza”. El café con leche y la medialuna la miraron extrañados y pensaron: “Qué rara esta nena, cómo va a querer ser gorrión si los gorriones no toman riquísimos cafés con leche como yo” (eso lo pensó el café con leche) y “Qué rara esta nena, cómo va a querer ser gorrión si los gorriones no comen riquísimas medialunas como yo” (eso lo pensó la medialuna). Y así estaban los tres, pensando y meditando, hasta que se olvidaron de que querían ser otra cosa y se fueron contentos a jugar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Conversaciones con mi hijo



lunes 1 pm, camino al colegio

—¡Mamá, mirá! ¡Crecí! Ahora el piso me queda más lejos.

martes, mediodía

Hace un frío de temer y el viento sopla como loco. Marcos mira por la ventana y me dice con absoluta certeza:

—Mamá, cuando hay mucho viento, los árboles bailan. Eso me lo dijo una seño en el colegio.

Él sigue almorzando. Y yo pienso contenta que todavía quedan maestros con imaginación.

miércoles 8 am, en el desayuno

—Mamá, cuando sea grande yo quiero ser normal.
—Ah, sí, ¿normal?
—Sí, aunque en realidad me gustaría ser mozo.
—Uy, Marquitos, qué difícil, hay que tener mucho equilibrio y buena memoria.
—Ah, entonces prefiero ser cocinero, obvio.

jueves 9 am, camino al colegio

—Mamá, ¿quién es Poseidón?

Por suerte, justo pasábamos por lo de Anita, que estaba limpiando la vereda y le contestó.

jueves 10 pm, antes de dormir

—Mamá, ¿hay escuelas donde los niños van solamente los sábados y domingos, y toda la semana no van?
Pienso en las Sunday schools de Estados Unidos, adonde los chicos van y estudian religión, y le digo, no, no hay chiquito, una lástima, ¿no?

viernes 9 am, camino al colegio

—Mamá, yo quiero ser santo.
—¿Qué cosa? —pregunto. Me parece haber oído mal.
—Sí, quiero ser santo, pero no para tener esa lucecita arriba de la cabeza, para eso no.
—Ah, ¿y para qué?
—Para hacer escuelas.
—Pero para hacer escuelas no hace falta ser santo.
—Ah, claro, puedo ser constructor.
—Sí, o maestro —le digo, y pienso que por ahí ambas cosas son lo mismo.
…..
—Mamá, ¿qué hizo Simón Bolívar?
Uy, este hijo mío, cuántas preguntas a esta hora.

sábado, 10 de agosto de 2013

Una pregunta



A Marcos, porque inspiró este relato y también ayudó a escribirlo

Estoy un poco confundido últimamente. La otra noche antes de irme a dormir, le dije a mi mamá charlemos un rato mami, aunque a mí no me gusta mucho charlar, las nenas charlan, a ellas la seño les dice basta chicas cierren el pico que parecen cotorras y a mí la única que me parece una cotorra es Teresita porque tiene la nariz un poco grande más bien como de loro, sí, como la de esos loros que vi en el parque de las aves en las cataratas cuando mi mamá se ganó una rifa o un premio porque escribió algo, un cuento o una poesía, no sé bien qué escribió, mi mamá siempre anda con un lápiz viejo chiquitiiito y una libreta con unas flores en la tapa y estamos en el doctor y zas, ella saca su lápiz y su libretita y se pone a escribir, o está durmiendo y parece que de repente su cerebro se despierta y entonces saca otra vez la libretita y el lápiz, que claro sin lápiz no va a poder escribir mucho la pobre, y entonces anota algo y parece como si alguien, una seño por ejemplo, le estuviera haciendo un dictado, y yo todo esto lo sé porque lo sé, no porque la haya estado espiando.

     Como decía, estaba yo listo para irme a dormir pero le pedí a mi mamá que se quedara un rato para charlar, pero la verdad, la verdad yo quería que ella se quedara para hacerme mimos en la cabeza con esos dedos largos y finitos que tiene, tan lindos, como de pianista dice mi abuela, lástima que tu madre nació con un toscano en el oído, y yo todavía no sé bien qué es un toscano y no me animo a preguntar a ver si mi mamá se ofende porque en la escuela nos enseñaron que hay personas con necesidades espaciales y a mí no me cierra mucho lo del toscano y lo de espaciales, por eso mejor no pregunto.

     Y esa noche cuando yo quería que mi mamá se quedara un ratito más conmigo, le pregunté mamá, cuando vos te mueras voy a tener que seguir portándome bien, y ella me miró con esos ojos tan lindos que tiene y que se parecen a los caramelos de miel que guarda en el tarro con orejitas de conejo que le hice yo en la clase de plástica y que a mí me gusta mucho aunque mi hermano mayor se burla y me dice que más que conejo parece eté y ayer lo busqué en internet y eté se escribe en realidad ET y quiere decir extraterrestre, y entonces pienso que en vez de mi mamá a lo mejor soy yo el que tiene algo de espacial.

     Bueno, como decía, le pregunté a mi mamá si cuando ella se muriera, o se fuera al cielo con Dios y Jesús y la Virgen como nos enseñó Dorita la catequista, o se fuera a la quinta del Ñato como dice mi abuelo, y a mí me parece que la quinta de este tal Ñato debe ser más divertida porque mi amigo Eze tiene una quinta y en verano vamos todos los amigos del cole y nos tiramos de bomba a la pileta y después salimos con los dedos arrugados como si fuéramos viejitos pero por suerte todavía somos chicos aunque a veces creo que no tanto porque mi hermano mayor el fin de semana me dejó escuchar una canción de los Rolin y a mí no me gustó mucho y no entendí nada, era todo un barullo, pero ojo tampoco soy tan nenito como para seguir dale que dale con Manuelita y su bendito Peguajó que ya me tiene harto y me dan ganas de decirle ma sí por qué no te quedaste en Europa y dejás de romper bien los quinotos, pero eso sólo lo pienso que si llego a decirlo en voz alta mi abuela me da un coscorrón y después me deja sin Nescuic y me enchufa ese mate cocido asqueroso que tiene gusto a pasto viejo porque mi abuela es de pocas pulgas, es decir que se enoja sencillamente y que si le hubiera hecho la pregunta a ella seguro me habría dicho nene callate y dormite de una vez.

     Y entonces cuando le pregunté a mi mamá, ma, cuando vos te mueras voy a tener que seguir portándome bien, ella me miró y se rió y me dijo ay hijito te quiero tanto tanto y me hizo mimos en la cabeza y se acomodó los rulos como para peinárselos un poco pero mucho resultado no le dio porque siempre los tiene despeinados, la peluquera de la esquina le dice que son rebeldes, es decir revolucionarios, que eso me lo explicó mi hermano cuando estudiamos el 25 de mayo, y a mí en el fondo me gusta que mi mamá sea revolucionaria aunque acá ya no haya un virrey sino una presidenta que a lo mejor es medio prima de los virreyes porque Corina dice que la presidenta se cree una reina, pero yo creo que Corina lo dice solamente porque le tiene envidia y porque es tan mandona que le gustaría a ella ser la presidenta y dar órdenes todo el tiempo, que prendeme la tele que quiero ver el noticiero, que llamame al presidente de los Estados Unidos porque es su cumpleaños, que cállense todos que no puedo concentrarme y tengo que estudiar un discurso.

     Y entonces mi mamá se rió de nuevo y me dijo dale correte un poquito, haceme un lugar, y se acurrucó al lado mío y a los cinco minutos se quedó dormida y yo pensé que mi mamá ya no parecía una mamá sino más bien una muñeca como las de mi mejor amiga Juana, o quizás una niña pequeña y despeinada y pensé qué suerte que tenía yo que podía cuidarla mucho y a lo mejor también, sin despertarla, hacerle unos mimos en esa cabeza que mi mamá tiene toda llena de rulos revolucionarios.